Los dichos del ministro de Defensa, Oscar Aguad, en torno al intento de golpe que el carapintada Aldo Rico lanzó contra el gobierno de Raúl Alfonsín hace más de 30 años, provocaron una encendida respuesta de parte del radicalismo, especialmente de aquellos dirigentes cercanos al fallecido expresidente.



Aguad, vale recordar, dijo que el golpe de Rico fue “chiquitito” y que “no puso en jaque la democracia”. Fue para justificar la presencia del carapintada en el desfile militar del 9 de Julio, del que participó la primera plana del gobierno nacional.

Uno de los que salió a responder fue Horacio Jaunarena, ministro de Defensa durante la presidencia de Alfonsín, que opinó que la dirigencia de la época “no lo percibió como algo chiquitito”.

Tampoco le pareció chiquitito, dijo, “la multitud de gente que se reunión en plaza de la República para defender la democracia, ni a toda la dirigencia política que masivamente acompañó al gobierno del presidente Alfonsín –recuerdo a (Ítalo) Luder y a (Antonio) Cafiero en el balcón de la casa de gobierno”, reseñó. Tampoco a “la solidaridad del movimiento sindical que declaró una huelga en respaldo del gobierno”.

“Hubo una demostración enorme de solidaridad y la percepción ciudadana, más la percepción política de todos los dirigentes, empresarios y sindicatos, y nadie vio que fuera algo chiquito”, insistió.
También le dedicó un párrafo a Aldo Rico, que se levantó dos veces contra el gobierno constitucional.

“Aldo rico se debe haber dado cuenta. Después de ese levantamiento carapintada protagonizó otro, en Monte Caseros, donde se rindió a las tropas leales al gobierno. Lo dimos de baja del Ejército y le enseñamos que si quería hacer política tenía que recurrir al voto popular, y es lo que hizo, se hizo elegir intendente de una ciudad del conurbano por el voto popular”, analizó.

Fuente: infocielo

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