Daniel Adrogué, vive en Vidal, es padre de 10 hijos y es un viejo dirigente Justicialista. Nos envió a la redacción de La Gazeta el siguiente escrito que publicamos a continuación.


A PROPÓSITO DE LA UNIDAD

No queda más remedio para comenzar por algún lugar que hacer una mención a las elecciones de octubre de este año donde se elegirán autoridades nacionales.

Pero sería un gesto de vanidad, de torpeza hablar de la unidad a nivel nacional, por lo menos en mi caso. Tampoco puedo incidir en la provincia de buenos aires donde se ofrecen candidatos con generosidad. Pero sí, se puede afirmar que a falta de una racionalidad respecto a cómo se puede ayudar para lograr esa unidad, la fe suele ser un buen substituto; fe para comprender. Es decir, la fe que nuestro pueblo no se va a equivocar, y se va a expresar como siempre lo hace, a favor de los intereses sagrados de la nación.

Hay sí, un lugar donde puedo hablar de unidad de nuestra gente si, y solo si, cumplo con algunas condiciones previas: no aspirar a nada, no aspirar a nada de nada que no sea el todo del todo, y, en este caso, se trata de ser protagonista solidario de una gesta, -perdón por la grandilocuencia- que garantice que en Mar Chiquita se logre la unidad del peronismo condición sine qua non para una unidad mayor que limite al máximo la lucha interna y que sea ejemplo y antecedente para lograr un gobierno local genuinamente plural sin claudicaciones ni concesiones inaceptables.

No se puede hablar de estrategia sin hablar de táctica, de tal manera que paso a sugerir, a mi juicio cual es el camino de la armonía en nuestro distrito. La unidad nunca es “un corso de las flores” donde todos nos regalamos sonrisas; y es así porque, en la discusión está instalado en el centro el tema del poder. Y sabemos que, en torno a él se mueven grandezas y miserias.

Así como perón decía que estaba listo para “quemarse en una llama épica y eterna”, hubo un canalla que en 1955 dijo que se había acabado la leche de la clemencia y aconsejaba fusilamientos. Estos recordatorios sirven, no para alentar diferencias, que terminan en enfrentamientos, sino para comprender que esas diferencias pueden rumbear hacia reconciliaciones. Si se parte negando diferencias se termina potenciándolas.

Decimos pues que la unidad no será fácil, pues bien, es un trabajo y ya comenzado. 1024 firmas los primeros días de febrero para ser llevados el 21 de febrero a la Matanza al congreso de partido puede ser un esfuerzo que persuada a todos los precandidatos a la intendencia que esa discusión pueda y debe ser saldada.

La pluralidad de candidatos se debe a una confusión que existe entre los cuadros y militantes, no en el pueblo llano, y podríamos decir, que la gente pata al suelo suele reírse de las ambiciones de los presuntos candidatos. La confusión proviene del hecho de que los militantes y activistas le confieren al “candidato” un rol protagónico o “sujeto” de la historia, no entendiendo que solo aquel candidato que se transforme en instrumento de su pueblo, es decir, “objeto” de él, va a lograr transcender y ser parte de la historia genuina. En otras palabras, el “sujeto” de la historia es el pueblo de la comuna o localidad que se haga mención, en este caso, la gente de Mar Chiquita, y el candidato será objeto, es decir, bandera y consigna de la unidad. Sería bueno que los candidatos se hicieran un genuino examen de conciencia para que supieran que es lo que pueden dar, y no tengo duda que algunos con más vergüenza que ambición depondrían sus actitudes en homenaje a esa gente, a ese pueblo que desean servir.

Pero esto sería insuficiente si no exigiera una decisión de plebiscitar a Jorge Paredi en Mar Chiquita, con esto contribuiríamos a evitar la tentación del fraude si garantizamos una victoria arrolladora cuyos números no toleren una cosmética para el cambio.

¿Por qué Paredi? En primer lugar, porque somos muchos miles y en nuestra reflexión hemos llegado a esa conclusión. En segundo lugar, porque nadie es candidato de sí mismo y eso queda demostrado en la facilidad con que se juntaron las firmas. Y, en tercer lugar, por su carácter que lo hace insustituible para conducir un proceso de unidad, no de “la oposición” como quieren empujarnos a realizar los cultores de la grieta, pues Pitingo y los que lo apoyamos pensamos que el actual proceso está en camino; que se trata de construir una unidad sin fisuras para todos los marchiquitenses.

Una última aclaración para cerrar estas centenas de palabras a favor de Pitingo; nos debe quedar en claro que el objetivo perseguido es la victoria abrumadora de una unidad encierne del pueblo argentino que se está fraguando lentamente desde abajo, que, como decía Martín Fierro, “el fuego para calentar debe venir siempre desde abajo”. Si esto es así, si realmente pensamos y queremos que haya unidad y que la unidad es superior al conflicto, sepamos pues que Jorge es el compañero que está dispuesto a conducir este fenómeno acá, y que por supuesto, por tratarse de un fenómeno colectivo de naturaleza cultural, está formado por personas, por seres humanos. Los peronistas estamos mal acostumbrados a la proverbial simpatía del inolvidable líder del pueblo argentino y esa condición de Perón nos empuja a pensar que es condición imprescindible para ser un político del pueblo. Ya nos viene costando caro el hecho de que algunos votaron al “corazón” de arbolito, pues no, siendo la simpatía una virtud no es ni la única ni la primera. Perón nos recuerda en su manual de conducción política que la primera virtud de un conductor es su compromiso insobornable con la victoria. Y es aquí donde radica mi convicción de que Jorge nos empuja a la victoria, pensemos pues, si en cada una de las dos mil comunas que hay en el país existiera este espíritu, los argentinos podríamos estar tranquilos respecto a nuestro futuro.

DANIEL ADROGUÉ
(Cnel Vidal, Ptdo. de Mar Chiquita)

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here